Caminando entre carpas, con la simple idea de comprar flores. Dejando que te miren, y te enamoren, como vestidos de hilos brillosos. Flores de papel, flores de pintura, flores de sabores, flores de catálogo, flores de flores.
Caminando entre pinceletas manchadas, con la simple idea de teñirte de lluvia. Bañándote de ácido sabor a tierra, enjuagando pensamiento intranquilos. Peces de agua, peces indecisos peleándose por un nombre en un vaso de aguarrás, despintándose de memorias, de locuras, esperando sentados con un cigarrillo en la boca.
Ahora trotando, trotando, luego corriendo, nadando entre las gotas incesantes y cada vez más frías, como la risa de un chiste muy malo. Arrastrando el olor del sueño, de la ganas de sumergir las manos en un estanque lleno de piedras de colores, como si no hubiera cosa más preciosa que el cristal cortado, que el mármol erosionado por tantos halagos absurdos; pequeños restos de Miguel Ángel.
Con la simple idea de hundir tus deseos en agua más clara, donde tus puños liberen esas gemas robadas de la fuente, que nadan con aletas de carcajada, huyendo de la lluvia. Y luego el olor de la soledad, de la que te susurra cosas que te hacen ser feliz, pensando que todos esos lienzos con raíces te miran curioseando, preguntándose el porqué de tus macetas con agujetas, sin saber qué es lo que pretendes amarrar.
Le Bon Coup
Hace 3 horas





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